Hablar de transfobia en México no es sencillo. No solo porque implica reconocer formas de violencia y desigualdad profundamente arraigadas, sino porque también nos obliga —como sociedad— a cuestionar nuestras propias actitudes cotidianas.
En los últimos años he percibido que el tema aparece cada vez más en conversaciones públicas, en redes sociales y en espacios institucionales. Sin embargo, esa mayor visibilidad no siempre se traduce en aceptación o en condiciones dignas para las personas trans. Más bien, parece convivir con resistencias culturales y brechas estructurales que siguen siendo evidentes.
Este artículo busca reflexionar —desde una mirada personal informada por datos oficiales— sobre cómo se manifiesta la transfobia en México y por qué sigue siendo un desafío pendiente.
Aunque muchas experiencias de discriminación no se denuncian, los datos disponibles permiten dimensionar el problema.
De acuerdo con encuestas del INEGI sobre diversidad sexual y de género, una proporción significativa de personas de la diversidad reporta haber vivido algún tipo de discriminación en espacios públicos, laborales o familiares. Estas cifras reflejan que la exclusión no es un fenómeno aislado, sino estructural.
Asimismo, estudios del CONAPRED señalan que la identidad de género sigue siendo uno de los motivos por los cuales las personas enfrentan trato desigual, obstáculos en el acceso a servicios y prejuicios sociales.
En lo personal, me parece revelador que muchos de estos actos no sean necesariamente violentos en apariencia: miradas, comentarios, negación de espacios o cuestionamientos constantes también construyen entornos hostiles.
Más allá de las cifras, la transfobia suele expresarse en lo cotidiano. Pensemos en situaciones aparentemente simples: buscar empleo, acudir a una institución pública o presentar una identificación oficial.
Cuando los documentos no reflejan la identidad de una persona, se generan fricciones constantes que pueden traducirse en exclusión. Aquí es donde las decisiones judiciales han sido clave.La Suprema Corte de Justicia de la Nación ha establecido criterios para facilitar el reconocimiento de la identidad de género en documentos oficiales, reconociendo que este derecho es fundamental para el ejercicio pleno de otros derechos.
Sin embargo, desde mi perspectiva, la implementación desigual entre estados demuestra que los avances legales no siempre se reflejan de inmediato en la vida diaria.
Otro aspecto interesante es el ámbito político. El INE ha impulsado medidas para garantizar acciones afirmativas que permitan la participación de personas de la diversidad sexual y de género en procesos electorales.
Esto no solo representa inclusión formal, sino también un mensaje simbólico importante: reconocer que la diversidad forma parte de la vida pública.
Aun así, considero que la representación por sí sola no resuelve las desigualdades, pero sí abre espacios para que las agendas de derechos sean discutidas.
Más allá de leyes o estadísticas, creo que el mayor desafío es cultural. La transfobia muchas veces se sostiene en ideas aprendidas, en desconocimiento o en incomodidad frente a lo diferente.
He notado que cuando se generan espacios de diálogo y educación, las percepciones pueden cambiar. Pero ese proceso requiere tiempo, empatía y voluntad colectiva.
Reconocer la dignidad de las personas trans no debería ser un tema polémico; debería ser un principio básico de convivencia.
México ha avanzado en el reconocimiento de derechos y en la generación de información sobre diversidad, pero la realidad muestra que persisten brechas importantes.
Los datos de instituciones como INEGI y CONAPRED confirman que la discriminación sigue presente, mientras que las resoluciones judiciales y acciones institucionales evidencian esfuerzos por corregirla. Entre ambos escenarios se encuentra la vida cotidiana de miles de personas que aún enfrentan obstáculos para vivir con libertad y seguridad.
Desde mi punto de vista, el cambio real no dependerá únicamente de reformas legales, sino de transformaciones culturales profundas que promuevan respeto, comprensión y empatía.
V. Daniela Dorantes
Referencias
INEGI. (2021). Encuesta Nacional sobre Diversidad Sexual y de Género (ENDISEG) 2021. Instituto Nacional de Estadística y Geografía.
https://www.inegi.org.mx/programas/endiseg/2021/
CONAPRED. (2017). Encuesta Nacional sobre Discriminación (ENADIS) 2017. Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación.
https://www.conapred.org.mx/index.php?contenido=pagina&id=424&id_opcion=436&op=436
INE. (2023). Acciones afirmativas para garantizar los derechos político-electorales de la diversidad sexual. Instituto Nacional Electoral.
https://www.ine.mx/actores-politicos/paridad-de-genero/acciones-afirmativas/
V. Daniela Dorantes
es licenciada en Derecho por la UNAM