21/05/2026
El pasado miércoles 20 de mayo, diversos grupos de transportistas y campesinos llevaron a cabo manifestaciones en la Ciudad de México. Uno de los motivos centrales de estas movilizaciones, y que será objeto de nuestro análisis, es la propuesta de eliminar los granos básicos del T-MEC. Propuesta de gran complejidad que incide directamente en la soberania alimentaria, así como en la estabilidad económica de las familias rurales en el territorio mexicano.
Resulta fundamental examinar diversos elementos para comprender las razones por las cuales el sector campesino promueve la exclusión de los granos básicos —tales como el maíz, el trigo, el frijol y el sorgo— del T-MEC.
Debemos entender que, en México, se ha fomentado la importación de granos a precios reducidos como una estrategia para contener la inflación. La entrada de estos insumos a bajo costo permite disminuir los gastos de producción de diversos bienes finales; dado que muchos de estos granos constituyen la base alimentaria para aves, cerdos y ganado, su abaratamiento impacta positivamente en la reducción de los costos para producir carne, leche y huevos.
Además, la introducción de granos baratos aumenta la oferta total disponible en el mercado. Esto obliga a los productores locales a competir, limitando su capacidad para transferir aumentos de costos al consumidor final y frenando el alza de precios.
La seguridad alimentaria de la nación se ha vuelto dependiente de importaciones a bajo costo, una estrategia que descansa enteramente en la idea de un dólar barato. Esta vulnerabilidad representa una verdadera bomba de tiempo: ante un eventual choque cambiario que incremente el valor del dólar, se desencadenaría un alza generalizada en los precios, afectando de manera directa la economía y consumo de toda la población.
Al ingresar granos a bajo costo para contener la inflación, se ignoraron los efectos adversos en la economía de los agricultores, el bienestar de sus familias y la creación de puestos de trabajo. Esta situación ha sumido al sector agrícola mexicano, haciéndole perder su capacidad de autosuficiencia y su competitividad ante los productos importados.
En México, el consumo anual de maíz alcanza los 42 millones de toneladas. No obstante, las cifras del servicio de información agroalimentaria y pesquera SIAP para 2024 (datos más recientes) indican que la producción nacional fue de apenas 24.32 millones de toneladas; esto significa que el 42% del consumo total debe importarse para cubrir la demanda interna.
Debido a la profunda dependencia de México respecto a la importación de granos, principalmente de Estados Unidos, los agricultores locales quedan a merced de precios establecidos por entidades foráneas, como la Bolsa de Valores de Chicago. Esta dinámica les impide tener injerencia sobre el valor real de su producción. Ante este escenario, múltiples agrupaciones exigen que, en la próxima revisión del T-MEC, se excluyan productos estratégicos como el maíz. Esta propuesta tiene como fin último salvaguardar al sector agrícola nacional frente a la influencia externa y avanzar hacia la consolidación de una verdadera soberanía alimentaria.
Los campesinos mexicanos se encuentran en una situación de competencia desleal. Mientras que las granjas promedio en el corn belt de Estados Unidos son gigantescas, operadas con muy pocas personas y con maquinaria masiva, en México la producción proviene de productores en pequeña escala. De acuerdo con la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural, en 2020 el 60% de la producción nacional de maíz fue realizada por pequeños productores.
Cabe mencionar que existen lineamientos establecidos en los artículos 3.4 y 3.6 del T-MEC que tienen como objetivo mitigar los efectos de distorsión en el comercio y en la producción, limitando las ayudas a los sectores agrícolas, sin embargo esto agrava la profunda desventaja de los productores mexicanos contra las abundantes cosechas de Estados Unidos. El gran problema para los campesinos mexicanos es que estas reglas de competencia , diseñadas para evitar que se "distorsione" el libre mercado, se aplican sobre un terreno de juego que ya es estructuralmente desigual.
Es imperativo cuestionar si México tiene la disposición de asumir el costo que conlleva la transición hacia la soberanía alimentaria, esto exige proteger el campo mexicano de una competencia desleal y priorizar la estabilidad a largo plazo sobre la contención de precios a corto plazo, redefiniendo la relación de México con su propia alimentación y su sector agrícola estratégico.
Eduardo M.
SIAP. Anuario Estadístico de la Producción Agrícola. (s/f). Gob.mx. Recuperado, de https://nube.agricultura.gob.mx/cierre_agricola/
Agricultura y Desarrollo Rural, S. (s/f). Maíz el cultivo de México. gob.mx. Recuperado de https://www.gob.mx/agricultura/articulos/maiz-el-cultivo-de-mexico
Sobre el autor: Eduardo M. es egresado de la carrera ciencias politicas y administracion publica por la UNAM