23/04/2026
Recientemente, tras el lamentable atentado ocurrido en Teotihuacán, el expresidente Felipe Calderón publicó en la plataforma X (Twitter) un mensaje que, lejos de llamar a la unidad o la justicia, optó por una retórica divisiva y profundamente simplificadora.
El corazón de la crítica de Calderón se centró en señalar como culpables o instigadores de la violencia a aquellos que señalan las desigualdades entre pobres y ricos argumentando que este señalamiento es lo que "divide a México". Esta afirmación no solo es una falacia lógica, sino que ademas desvia la atención de las causas estructurales de la violencia en el país.
La desigualdad económica y social no es una invención retórica para dividir a la nación; es una realidad documentada por organismos nacionales e internacionales. El problema no reside en señalar que hay mexicanos que viven en la opulencia mientras la mayoría lucha por sobrevivir, sino en la existencia de esta brecha abismal.
Culpar a quienes denuncian la injusticia social de ser los responsables de la división y la violencia es como culpar al doctor por decirte que estás enfermo. Es una maniobra retórica que busca silenciar la crítica legítima y esencial. Las voces que exigen justicia distributiva y oportunidades equitativas no están "dividiendo" al país; están poniendo el dedo en la herida de un modelo económico y social que ha fallado en integrar a millones de ciudadanos al bienestar.
Sin embargo Calderón afirma que el discurso del actual régimen es lo que genera los violentos ataques como el ocurrido en Teotihuacan, esta es una aseveración peligrosa e irresponsable.
señalar los problemas como el racismo y la desigualdad económica en México no son la causa directa de actos violentos, Calderon como buen personaje de derecha no le gusta que se hable desigualdad racial o económica y aprovecha cualquier ocasión para desestimar estas críticas.
Calderon pudo señalar la deficiencia en la política pública en materia de salud mental pero en lugar de eso utiliza este horrible suceso como una herramienta política para descalificar a quienes se atreven a señalar los privilegios de ciertos sectores en el país.
El debate sobre la violencia a menudo elude una de sus dimensiones más críticas y sistemáticamente ignoradas: la crisis de la salud mental. Las políticas en esta materia son notoriamente deficientes, caracterizadas por una subfinanciación crónica y una infraestructura de atención escasa, esto no solo obstaculiza la prevención y tratamiento de trastornos que pueden incidir en el comportamiento social, sino que perpetúa un ciclo de invisibilidad y estigmatización.
Estamos frente a un acto de negligencia estatal que obstaculiza el fortalecimiento de la salud mental comunitaria y la detección temprana de conductas violentas. los tomadores de decisiones deben entender ya, que invertir en salud mental sirve como estrategia preventiva ante los actos de violencia en el país.
México necesita unidad para enfrentar sus problemas, pero esta unidad debe basarse en el reconocimiento honesto de sus fallas, no en la censura de las críticas. La verdadera división la genera la corrupción, la impunidad, la indiferencia ante la pobreza y el racismo, no el señalamiento de estos males.
Querer callar estas críticas afirmando que estas son las responsables de una barbarie como lo ocurrido en Teotihuacán es una irresponsabilidad. La sociedad mexicana merece un debate serio y profundo sobre las causas de la violencia, Sólo asumiendo la gravedad y complejidad de la realidad, sin simplificaciones interesadas, podremos empezar a construir un camino hacia esa paz que tanto deseamos todos los mexicanos.
Eduardo M.
Eduardo M.
Es egresado de la carrera ciencias politicas y administracion publica por la UNAM